SIRKÓ (Сірко)

08.05.2017

Un perro llamado Sirkó había vivido por muchos años con sus amos, hasta que un día se enfadó con ellos y se fue de casa. Pero al pasar unos días en el campo se arrepintió: "No tenía por qué irme. Nos llevábamos bien con mis amos y nos ayudábamos mutuamente: yo les vigilaba su terreno y ellos me cuidaban. Pero si vuelvo ahora, quizás, no querrán ni verme".   

Así pensando, Sirkó se encontró con un lobo y éste le preguntó:
- ¿Qué haces aquí, primo?

Sirkó le explicó:
- Me enfadé con mis amos y me fui de casa. Ahora me gustaría volver pero no sé cómo hacerlo sin que me rechacen.

El lobo pensó un rato y dijo:

- Tengo una idea: cuando mañana tus amos vengan al campo a segar el centeno y la mujer deje su pequeño hijo en la sombra de un pajar, yo lo raptaré. Me perseguirás, y yo -como si estuviera asustado- te lo dejaré. Tus amos te estarán agradecidos y querrán que vuelvas a casa.

Así hicieron. Al día siguiente, los amos de Sirkó fueron al campo. Cuando la mujer dejó su bebé al lado de un pajar y empezó a segar el centeno junto con su marido, de repente apareció el lobo. Cogió el niño y se lo llevó en sus fauces. Al oír el llanto del niño, los padres se apresuraron a salvarlo pero sin éxito. Entonces vino el perro y rescató al bebé. 

Todo fue tal como lo imaginaba el lobo: agradecidos por salvar a su hijo, los amos pidieron a Sirkó que volviera a casa. Prepararon una rica cena y llamaron al perro para que la compartiera con ellos. Le servían en la mesa y hasta le soplaban a su plato para que no se quemara. Al ver que el asunto estaba arreglado, Sirkó se acordó del lobo y quiso devolverle el favor.

Justamente aquellos días se casaba la hija de los amos, y para celebrarlo ellos planearon hacer un gran banquete. Entonces se le ocurrió a Sirkó invitar a su amigo lobo para que también deleitara la comida. Lo llevó a escondidas a casa y lo escondió debajo de la mesa nupcial. Luego, cuando el banquete comenzó, cogía la mejor comida y bebida y la llevaba al lobo. Eventualmente los invitados se dieron cuenta y quisieron impedírselo. Pero el dueño de la casa dijo:

- Mi perro lo merece y aún más, ¡dejadle que coma a gusto!

Cuando los invitados empezaron a cantar las canciones nupciales, el lobo le dijo a Sirkó:
- ¡Quiero cantar también!

- No lo hagas, primo, ¡te descubrirán y te apalearán! !
- No puedo resistir, Sirkó, ¡voy a cantar!

Y entonces el lobo aulló fuertemente debajo de la mesa.

Muy asustados, algunos de los invitados echaron a correr. Y otros querían coger al lobo. Pero Sirkó se plantó ante ellos y les dijo:
- Tranquilos, ¡dejad que me enfrente con el lobo en la calle!

Y lo llevó fuera.

Allí los dos amigos se despidieron con abrazos, y el lobo se fue al bosque.